Publicado en La Razón, martes 17 de mayo 2005
Es bien sabido que en comunidades autónomas de corte nacionalista y desde
sus instituciones se defiende, promueve y exalta el patriotismo mal llamado
nacional. Ya desde las escuelas se inculca una historia totalmente
distorsionada pero que se ajusta a la perfección a las aspiraciones
independentistas que ya están dando los resultados esperados.
Tratan sus
banderas, sus símbolos y sus personajes históricos con la mayor solemnidad y
respeto. A la hora de mirar por el futuro de su «nación» hacen piña aunque
no compartan la misma ideología ya que el objetivo de todos ellos es el
bienestar de sus ciudadanos.
En definitiva, se comportan como cualquier país soberano orgulloso de su
pasado, tal vez por eso consigan su objetivo. Por eso y porque en España
hace tiempo que se sufre de un complejo incomprensible de transmitir ese
entusiasmo y orgullo por miedo a ser tachado de fascista. ¿Ridículo? Juzguen
ustedes.