Publicado en La Razón, 25/05/2005
Hace más de 2.000 años que nuestra España fue denominada por los romanos con
el nombre de Hispania. Actualmente, algunos se empeñan en que no seamos
españoles sino ante todo andaluces, vascos, cántabros, catalanes, murcianos,
canarios , etc… pero nuestra historia, nuestra cultura, nuestras lenguas y
nuestras costumbres son de todos y todos tenemos el deber de preservarlos.
Hay muchos españoles, con idénticos pensamientos constructivos al mío, que
seguimos aportando, aunque poco, nuestra madurez política social e histórica
en este nuestro país, que como decía el historiador y profesor de la
Universidad de Barcelona D. Gabriel Cardona: «En los últimos 200 años, los
peores enemigos de los españoles hemos sido los españoles mismos». Estamos
construyendo una democracia sin aprendizaje de valores comunes para nosotros
y para los que nos llegan. Por lo tanto carecemos de una civilización
fuerte, que a la larga puede peligrar ante las grandes influencias externas,
las cuales vienen cargadas de falta de libertad e ignoran los derechos
humanos –fanatismos triviales o religiosos– e influencias internas debido a
la comodidad social del bienestar y del dejarse llevar por lo que venga
(tanto a nivel social, moral o político). Hace falta culturizar a la
sociedad para que tengamos más libertad. Si queremos seguir construyendo una
democracia fuerte, sin fragmentaciones; debemos cabalgar juntos hacia el
futuro. No olvidemos, como decía este mismo profesor de Historia antes
mencionado, que los españoles hemos sido siempre «un colectivo con un pasado
sólido y esto es lo que nos une y nos diferencia. Somos españoles por haber
vivido juntos tantos siglos. Unidos, diferentes y, a menudo, desavenidos».
Si tenemos unos políticos que siempre nos recuerdan las dos Españas
enfrentadas, después de 66 años, hemos de pensar que el conocimiento real de
lo que ocurrió en esta triste y fratricida guerra civil es escaso. Luego
para poder recordar nuestra historia, nuestro pasado y olvidar esos hechos
tan lamentables en nuestra convivencia común es necesario un preciso
conocimiento y esto es lo que aún nos falta. Debemos preparar a nuestros
jóvenes en todos estos planteamientos para que la unidad de los valores
democráticos y de la paz perduren en nuestra nación y sea ejemplo en todo el
mundo.
J.R.T.