Publicado en GENTE, 08/07/2005
Madrid se ha quedado a las puertas de organizar los Juegos Olímpicos de 2012. Durante varios años, los miembros de la candidatura de la capital de España han trabajado de forma seria, rigurosa y con la ilusión puesta en el 6 de julio, el día clave de las votaciones. Presentación excelente a los miembros del COI durante 45 minutos con unvideo final que, según todos los comentaristas, puso la piel de gallina a más de uno. Madrid, por muchos y variados motivos, se merecía el triunfo, pero al final, será Londres la que disfrute el sueño olímpico. Enhorabuena, a pesar de los atentados.
Pero por encima del trabajo, -arduo en las últimas fechas-, dejando a un lado la maniobras más o menos éticas de algunos rivales, -Blair recibió en su habitación de Singapur a varios miembros del COI, algo que está terminantemente prohibido-, pasando de puntillas por la pregunta impertinente de jefes de mini estados, -es de esperar que la reciente paternidad del príncipe Alberto le haga sentar un poco más su distraída cabeza-, lo que más ha llenado de satisfacción a todos los españoles ha sido la unión,- más allá de sonrisas cicateras-, demostrada por todos los estamentos, ya fueran políticos o deportivos. Hemos dejado claro que, tal y como mostraba la presentación, juntos podemos hacer grandes cosas; que uniendo lo bueno que todos albergamos avanzamos más que resaltando lo que nos separa. Allí, en Singapur, era toda España la que animaba, detrás de una gran ciudad estaba toda su comunidad y todo un país independientemente del color político. Todo eso la gente lo vio a través de la pequeña pantalla y se sintió, nos sentimos, orgullosos de nuestra representación. Es verdad; perdimos. ¿Y qué? París ha perdido las tres últimas veces que se ha presentado. Madrid, algún día, tendrá sus Juegos Olímpicos. Se los merece.
Moraleja: difícil traslado tiene esto a Cantabria y más en estos tiempos, con lo que está cayendo. Pero sería bueno, que nuestros políticos, todos, profundizaran un poco más en lo que les une y dejaran de lado, alguna vez, lo que les separa.
Editorial del periódico Gente en Santander. Nº 37