Publicado en Libertad Digital el 10 de octubre de 2005.
Acabo de colgar en mi ventana una bandera de España, para celebrar el día de la Hispanidad. Tengo que confesar, con vergüenza y propósito de la enmienda, que en los 20 años que llevo viviendo en Cataluña, nunca me había atrevido a hacerlo, por miedo a las represalias.
Muchos no se lo creerán y pensaran que soy exagerada, retorcida y fanática. Pero la pena, y en mi caso es mucha, es que en Cataluña la gente como yo tiene miedo a expresarse libremente en temas como la bandera, el idioma y cualquier cosa que haga notar que nos consideramos españoles. Pero miren, estoy tan harta del Estatuto y de la soberbia nacionalista que respira por todos sus poros, que he decidido dar la cara y defender mis ideas y mi Nación, pese a que me incendien el jardín, me pinten la casa, me arrojen objetos no deseados, o maten a mi perro.
¿No se parece esta situación, cada día más, a la que viven otros españoles que viven un poco más al Norte?
Remedios Falaguera - Barcelona