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Trafalgar y la conciencia nacional

Publicado en ABC, 22 de octubre de 2005. Editorial

Las grandes naciones se sienten legítimamente orgullosas de su historia. Con sus grandezas y servidumbres, España (que cuenta entre las naciones-estado más antiguas de Europa) ha sido protagonista de primer orden en la configuración del mundo moderno en el terreno político, socioeconómico y, muy especialmente, artístico y cultural. Desde un punto de vista objetivo, se sitúa a la altura de las mejores. Una sociedad sanamente constituida debe ser capaz de asumir en su plenitud la totalidad de su trayectoria, sin visiones sesgadas de unas y otras épocas, y, por supuesto, sin planteamientos partidistas ni divisiones absurdas entre «buenos» y «malos».

La conmemoración de la batalla de Trafalgar es una excelente oportunidad para recordar estas verdades elementales. La conciencia nacional tiene uno de sus momentos fundacionales en aquella batalla naval, como ponía de relieve ayer el profesor García Cárcel en la Tercera de ABC. Trafalgar es el antecedente inmediato del Dos de Mayo y también, pocos años después, del entusiasmo patriótico de los diputados liberales en las Cortes de Cádiz. El pueblo español ha dado siempre lo mejor de sí mismo, con sus virtudes y sus defectos. La hora difícil que vive la España contemporánea exige recordar y reforzar los valores comunes que los han constituido como una gran nación. España es una realidad histórica y sociológica, y no sólo la cobertura jurídica de una supuesta pluralidad de unidades yuxtapuestas que aspiran ahora a ser reconocidas como «naciones». Más allá de la coyuntura y de los enfoques particularistas de los diversos partidos, el debate político actual está sirviendo para expresar el resurgimiento de un sentimiento patriótico que está mucho más vivo de lo que algunos desearían y que exige a los gobernantes un ejercicio de alta responsabilidad a la hora de tomar decisiones. En situaciones de crisis es cuando esa conciencia nacional emerge por encima de las batallas partidistas para aunar voluntades en un generoso esfuerzo colectivo que debería servir de ejemplo a quienes se empeñan en relativizar conceptos o sentimientos que son mucho más que meras expresiones formales. Trafalgar es el paradigma de cómo una derrota cambió el paso de una nación que se hizo fuerte en la unidad para lanzarse en pos de un proyecto común.

Trafalgar y la conciencia nacional
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