Publicado en El Diario Montañés, 4 de julio de 2006. A.G.
Calculo que éramos más de cien personas. Todos atentos a una misma pantalla colocada en el salón de actos del hotel de un pueblo costero de Granada, donde todos estábamos pasando nuestras vacaciones, ese día 27 de Junio.
Me refiero al triste día en que nuestra selección de fútbol perdió contra Francia. No soy muy futbolero, ni pretendo hacer aquí una crónica del partido. Sólo constatar que durante esos 90 minutos sentí como pocas veces antes que todos los presentes vibrábamos ante un mismo sentimiento: España.
El salón del hotel era un despliegue en el que el rojo era el color dominante: banderas, camisetas, bufandas y había padres, madres y niños de todas las edades. Minutos antes, durante la cena, ya se podía contemplar el ambiente eufórico de gente, familias enteras, con las famosas pinturas de la bandera en la cara. Todo era ilusión en espera de las nueve de la noche.
Supongo que entre toda la gente allí congregada hubiese todo tipo de pensamientos políticos, quiero decir que la gente podría ser más de derechas o de izquierdas, incluso gente sin ninguna idea concebida al respecto, pero poco importaba en esos momentos, ya que un sentimiento más fuerte lo acaparaba todo.
Y era el sentimiento común de un pais, de una nación, o de una nación de naciones (qué más da) de seis letras: ESPAÑA. Tras el gol del penalti el salón se venía abajo. De forma contagiosa comenzamos todos a gritar : «España, España » y de pie saltábamos con los brazos en alto. Algunos sacudían banderas y todos disfrutamos de unos minutos difícilmente inolvidables.
Siempre me ha llamado poderosamente la atención cómo nos volcamos cuando tocan Olimpiadas o eurocopas, etc Estas líneas quieren sólo hacer un llamamiento a que nos sintamos orgullosos todos de nuestros colores, de nuestro Pais, más allá de un campeonato deportivo.
Al día siguiente de la derrota me compré la camiseta de España, que espero lucir con orgullo siempre que pueda.