He llorado amargamente (con lágrimas de verdad) oyendo a nuestros egregios presidentes autonómicos deshacer nuestra España querida. Están matando esta nación que nos ha dado una tierra que poseer, una lengua con la que entendernos, una cultura para pensar, un pasado para enorgullecernos y un mañana para trabajar. Lágrimas me caen carrillo abajo al escribir estas líneas. Y lloro al pensar que a esta España mía, a esta madre mía, no hay quien la defienda. Y yo que besé su bandera, que juré, como millones de españoles, defender mi patria hasta la última gota de mi sangre, no puedo remediarlo. Yovoy muriendo cada día un poco, porque mi tierra ya no me cobija, se deshilacha como un paño ajado, mi lengua no la entienden, soy como un extranjero en mi propia casa, mi cultura humanista cristiana, 20 siglos para construirla y unos minutos para llamarla (sic, Borrell, mayo de 2004, conferencia en el Club Siglo XXI) “aberrante”, mi pasado me lo han borrado y sustituido por otro que nunca ha existido y mi futuro, simplemente no sé cuál es.
J. L. M.