Señor director:
Este fin de semana ha sido todo un éxito para el tenis español, con la consecución de la Copa Davis, por segunda vez en la historia de esta importante competición mundial.
Si en lo deportivo el éxito ha sido total, no lo es menos en lo referente al comportamiento de todos los aficionados, pues tanto los que estaban en directo, en la Cartuja de Sevilla, como los que estábamos detrás del televisor, el grito ha sido unánime a favor del equipo español. Resultaba emocionante ver el gratificante colorido de nuestras banderas, que lógicamente superaban en número a las de los aficionados del equipo norteamericano. En muchas de estas banderas se leía su procedencia: Murcia, Almería, Alicante, Toledo...
Con la última bola, ganada por el mallorquín Carlos Moyá, todos los componentes del equipo (jugadores, capitanes, masajistas, etc.) se abrazaron como una piña, en medio de la pista. Ningún jugador sacó la bandera de su comunidad autónoma (y eso que tanto Moyá como Rafael Nadal, podían atribuirse para sí mismos su mayor contribución a este triunfo, luciendo la bandera de la Comunidad Balear), pues el triunfo correspondía a todos, y la única bandera que nos une a todos es la española. Todo esto puede servir de ejemplo a quienes estos días pasados, siguen empeñados en mirar por un canuto, con una raquítica y mediocre visión, intentando fragmentar a España, empezando por lo deportivo. Es evidente que cada uno debemos estar orgullosos de nuestra ciudad y de nuestra comunidad autónoma, pero este orgullo se debe quedar pequeño ante uno mucho mayor, como es el de sentirse españoles.
J. J. A. M.