Comparto dos grandes aficiones , los caballos y el mundo del motor. De la primera más o menos se conocen mis andaduras, y por esta vez -aunque para mi significa mucho- voy a dejarla momentáneamente de lado para dedicar unas líneas a la otra, es decir, los caballos, pero de vapor.
Desde niño me han gustado los coches, he competido y sigo compitiendo – en circuito por supuesto- y por lo tanto a nadie le puede extrañar que sea un seguidor desde hace muchos años de la Fórmula 1. Gran admirador de un maestro como Alain Prost o de un campeonísimo como Ayrton Senna, imagínense lo que ha supuesto –ya vengo siguiéndole desde hace unos años- , el que salte a la palestra un chaval, asturiano por más señas y que se llama Fernando Alonso. El último gran premio celebrado en San Marino en el circuito de Imola es de los que se quedará siempre grabado en la retina de los aficionados, tenemos un campeón en ciernes y con un futuro importantísimo, me encanta su forma de pilotar, su serenidad, su frialdad, su técnica, y ello a pesar de su juventud. Todo ello incuestionable.
Pero a mi me gustaría decirle a Fernando Alonso, o que llegara esto a oídos de cualquier persona de su entorno y se lo dijera, que cuando sube a lo más alto del “cajón” –hemos tenido la oportunidad de disfrutar en los últimos tres grandes premios celebrados- y suena el himno de nuestro país, no se puede estar en una postura que no sea la correcta. Estar en jarras, y/o –permitanme la expresión -, “espatarrao”, y/o haciendo gestos a unos y a otros no es admisible. Hay que decirle a Fernando Alonso que cuando esté en lo más alto del cajón y que espero, deseo y quiero que sea muchas veces, y suene el himno, hay que adoptar una postura respetuosa, porque por mucha alegría que se produzca hay que tener la serenidad suficiente para saber comportarse en cada momento.
Y aprovechando la ocasión quisiera hacer un llamamiento a todos y a mi mismo, sobre por qué somos tan estúpidos los españoles que seguimos teniendo complejo de utilizar nuestra bandera por parecer que eso indica una determinada tendencia ideológica. Pues no señores, pues no. Ni la bandera es franquista, ni el himno tampoco, no podemos ser unos acomplejados de algo que está recogido en nuestra constitución que fue aprobada y aceptada por la gran mayoría, y que fué la génesis de lo que hoy, afortunadamente es España
Por lo tanto, quitémonos el complejo de una vez por todas, utilicemos nuestra bandera con orgullo y seamos respetuosos cuando los acordes de nuestro himno suenen.
Pienso que somos de los poquísimos países – me atrevería a decir que el único-donde no existe una perfecta comunión entre ciudadano y los signos externos que nos representan, es decir, la bandera y el himno, que por cierto una y otro a mi particularmente me encantan.
A. S.dM. R.